Alumnxs, preces y madres



Por Sofi Ruarte de 5to 2da




Alguna vez en nuestra vida escolar – por ley natural del estudiante – hemos cometido el gran y bochornoso error de llamar “mamá” a la maestra. Tragándonos la vergüenza y haciendo caso omiso al rojo vivo en nuestras mejillas, nos disculpamos refugiándonos en el “perdón, me confundí”. Pero, si nos ponemos a pensar, ¿es realmente una confusión? ¿no hay algo más a fondo que todo el estudiantado siente por igual? ¿no hay una fuerza superior? ¿Y Candela, y la moto?

Esto suele ocurrir a nivel primario, sobre todo. Pero en los colegios secundarios sucede un fenómeno social aún más interesante, con otra figura jerárquica. Yo, en lo particular, lo titularía como “Preceptores y madres: la complejidad de la separación de ambos conceptos” pero quedaría muy largo, así que me conformo con el ya establecido un poco más arriba

A ver, ejemplifiquemos: Mónica, nuestra querida prece de 5to año, se ausentó por temas de salud durante un tiempo relativamente largo, y no faltó quien pregunte – como si fuera una calamidad no verla en su escritorio, generando una histeria colectiva – “¿Y Moni?” “¿Dónde está Moni?” “Che, ¿alguien sabe cuándo viene Moni?”

¿Casualidad o causalidad? ¿No resulta eso familiar? Me recuerda a mis hermanos y a mí, que, por instinto y desesperación al no verla en los alrededores, gritamos por toda la casa “¿Y mamá?” “¿Dónde está mamá?” “¿Cuándo viene mamá?” Mucha similitud para ser coincidencia, ¿no?

Mi teoría número 1, aunque no tiene una corroboración científica, se basa en que la convivencia diaria y gestos de – llamémosle – sujeto “P” (preces) empiezan a generar efectos de simpatía en el/la estudiante llegando a un punto en el que él cerebro no discierne diferencias con el sujeto “M” (madres)

Mi teoría número 2, también sin una fuente fiel aparte de mi imaginación, se basa en la autopercepción de lxs mismos sujetos “P”. Déjenme que me explayo: ¿Cómo sus propios cerebros van a entender que en realidad no cumplen un rol materno – o no en todos los casos – si sus acciones envían la información contraria? Nos dicen mañosos, pero ¿Quiénes abalan nuestras mañas? Algunas hasta responden al llamado de “Má” en chiste. Pero como dice la frase “en todo chiste hay un poco de verdad”. Está para hacer una retrospección personal ¿no?

Aunque por lo pronto sea un tema que sale de mí, doy por seguro que en un futuro los sociólogos y científicos van a estudiar esta extraña relación entre estas dos distintas figuras

Desdichadxs (o afortunadxs si se quiere) preceptores del Sábato, que, al aceptar sus cargos, sin saberlo, estaban firmando un pacto invisible con todxs nosotrxs. Se convierten en madres, enfermerxs, psicólogxs, y, a veces, en cómplices de travesuras.

Arraigadas a aquel trato – y acá puede ir mi teoría 2 – Van mañas, peleas, abrazos, charlas de vida, confianza, cagadas a pedos, complicidad, más cagadas a pedos, pero sobre todo cariño. Al final creo que solo hay que dejar de lado el querer entender un por qué, y disfrutar esto tan especial que dejará muchos recuerdos y anécdotas cuando se finalice el periodo secundario

Este texto va dirigido a ellas y ellos, que nos reciben todas las mañanas con la mejor onda. Con sonrisas de ojos (gracias a los barbijos), musiquita y choques de puño que hoy en día son más que significativos

¡Gracias mamás! Digo, ¡Gracias preceptores/as!






Aclaraciones especiales: Este texto no busca dictaminar que para ser preceptor hay que sentir un vínculo materno, o tampoco sentenciar que una madre es quien sí o si debe sentir las emociones o debe cumplir todo lo nombrado párrafos antes, relax.






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